Reconocer que un niño tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir es el punto de partida de cualquier justicia que se tome en serio a la infancia. No es un adulto incompleto ni un proyecto de persona: es, ya hoy, un sujeto con una mirada propia sobre el mundo. Escuchar esa mirada es una obligación, no una concesión.
Hace más de dos siglos, Jean-Jacques Rousseau advirtió algo que todavía nos cuesta incorporar del todo: la infancia no es una versión reducida de la adultez. Tiene su propia forma de percibir, de razonar y de emocionarse. Sin embargo, durante mucho tiempo el derecho trató a los niños como adultos en miniatura o, peor aún, como objetos sobre los que otros decidían.
Por qué esta idea cambia la forma de hacer justicia
Cuando asumimos que un niño ve, piensa y siente distinto, cambia por completo la manera en que debemos escucharlo. No podemos exigirle que se exprese como un adulto, en el lenguaje de los adultos y en los tiempos de los adultos. Somos nosotros quienes debemos adaptarnos a su modo de comunicar, y no al revés.
En los tribunales de familia y niñez, esto significa crear las condiciones para que un niño pueda expresarse con confianza, respetar sus silencios y valorar lo que dice según su edad y madurez. Escuchar de verdad no es un trámite: es un arte que exige sensibilidad.
Reconocer su mirada es reconocer su dignidad
La Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061 consagran el derecho de niñas, niños y adolescentes a ser oídos y a que su opinión sea tomada debidamente en cuenta. Detrás de esas normas late la misma intuición de Rousseau: la infancia merece ser mirada en su singularidad.
Tomarse en serio esa mirada propia es, quizás, una de las formas más concretas de ejercer una justicia con alma. Porque reconocer cómo ve el mundo un niño es el primer paso para protegerlo de verdad.
Preguntas y respuestas
¿Qué significa que un niño no es un adulto en miniatura?
Significa que la infancia tiene su propia forma de percibir, razonar y emocionarse. Un niño no es una versión reducida del adulto, sino un sujeto con una mirada propia que merece ser reconocida y escuchada.
¿Por qué es importante reconocer la mirada propia de la infancia en la justicia?
Porque cambia la forma de escuchar: no se puede exigir a un niño que se exprese como un adulto. Son los adultos y las instituciones quienes deben adaptarse a su modo de comunicar.
¿Qué normas reconocen el derecho del niño a ser escuchado?
La Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley 26.061 de Protección Integral consagran el derecho de niñas, niños y adolescentes a ser oídos y a que su opinión sea tomada debidamente en cuenta según su edad y madurez.
