¿Son menores, adolescentes o niños? El debate sobre cómo nombrarlos.
Durante muchos años, el derecho habló de “menores”.
Y aunque para algunas personas pueda parecer apenas una expresión habitual, las palabras nunca son neutras cuando se trata de derechos humanos.
Porque no es igual nombrar desde la falta que nombrar desde la dignidad.
La expresión “menor” estuvo históricamente ligada a una mirada tutelar, donde la infancia aparecía definida principalmente por su incapacidad, su dependencia o su insuficiencia frente al mundo adulto.
Por eso el cambio de lenguaje no es una moda ni una cuestión de corrección política. Es un cambio de modelo.
Un actor social con voz propia
La Convención sobre los Derechos del Niño vino a reconocer algo profundamente transformador. Los niños, niñas y adolescentes son sujetos de derechos, con voz, identidad, opinión y participación progresiva en las decisiones que atraviesan sus vidas.
Y allí el lenguaje importa.
¿Qué palabras podemos usar? ¿Se puede cambiar la realidad solamente usando otras palabras?
Sí. Varias. Niños, niñas, adolescentes, infancia, niñez.
Porque las palabras que utilizamos desde las instituciones construyen cultura, vínculos y prácticas.
No se trata solamente de reemplazar términos. Se trata de abandonar formas de pensar que invisibilizan.
Tal vez por eso nombrar correctamente a la niñez no sea un detalle semántico.
Tal vez sea una forma concreta de reconocer su humanidad.
