El pensamiento crítico no nació con la era digital. Sus raíces se hunden en la antigua Grecia, con Sócrates, Platón y Aristóteles, y se proyectan hasta el siglo XX, cuando el filósofo Max Black popularizó el término en 1946. Ellos no conocían las fake news, pero sí la importancia de razonar con profundidad.

El valor de una buena pregunta no radica en obtener respuestas rápidas, sino en abrir caminos hacia nuevas formas de pensar.

Formular preguntas precisas nos impulsa a explorar, desafiar lo que creemos saber y descubrir perspectivas inesperadas. No es solo acumular datos, sino comprender a través del cuestionamiento activo.

El pensamiento crítico exige formular las preguntas correctas para alcanzar conclusiones sólidas. En lugar de buscar certezas inmediatas, podemos generar conversaciones que inspiren y nos reten a reflexionar.

Preguntas que provocan pensamiento:
¿Cómo cambia nuestra visión una pregunta bien planteada?
¿Cuándo fue la última vez que una pregunta desarmó una creencia que teníamos por cierta?
¿Qué pasaría si usáramos más preguntas para mejorar nuestras decisiones diarias?

Enseñar a preguntar es enseñar a pensar. Y en esa práctica, quizá descubramos que las mejores respuestas nacen de las preguntas que nos invitan a repensarnos.