La ONU como lenguaje común frente a los desafíos globales
Cada año, la Asamblea General de Naciones Unidas vuelve a reunir a los Estados en un mismo escenario.
Durante la Semana de Alto Nivel de 2026, jefes de Estado y de Gobierno se encontraron nuevamente para abordar temas de alcance global, en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General, cuyo lema es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una ONU que cumpla para todos”.
Más allá de las posiciones de cada país, de las tensiones internacionales y de las diferencias políticas, ese encuentro permite volver sobre una pregunta básica.
¿Para qué existe la ONU?
La respuesta no puede agotarse en una reunión, en una votación o en una declaración.
La Organización de las Naciones Unidas nació, después de la Segunda Guerra Mundial, con una finalidad profundamente ambiciosa: ofrecer un espacio institucional para la cooperación internacional, la paz, los derechos humanos y la solución colectiva de problemas que exceden a cualquier Estado tomado en soledad.
- No es un gobierno mundial.
- No sustituye la responsabilidad de los Estados.
- No elimina los conflictos. No garantiza, por sí sola, que cada derecho sea respetado.
Cumple una función que sigue siendo imprescindible, que es mantener abierta una mesa común cuando el mundo se fragmenta.
Una mesa común
La Asamblea General es el órgano deliberativo, normativo y representativo principal de Naciones Unidas. Está integrada por los 193 Estados miembros, cada uno con un voto, lo que la convierte en el único órgano de la ONU donde todos los Estados están representados en pie de igualdad.
Ese dato institucional tiene un valor simbólico enorme. En esa sala se sientan países grandes y pequeños.
Potencias y Estados vulnerables.
Países atravesados por conflictos armados, crisis humanitarias, pobreza, migraciones, emergencias climáticas, transformaciones tecnológicas y desafíos de desarrollo.
La ONU no hace desaparecer esas diferencias. Pero las obliga a encontrarse en un espacio común.
Y, frente a desacuerdos que muchas veces se expresan como ruptura, aislamiento o violencia, sostener una mesa para hablar no es un gesto menor. Pese a actitudes que no se compadecen con su propósito, la mesa tiene espacios para cada uno de sus miembros.
Es una actitud y función civilizatoria. Porque la palabra no siempre alcanza para resolver. Pero sin palabra común, los conflictos quedan librados a la fuerza.
Un lenguaje común
La segunda función de la ONU es construir un lenguaje compartido.
- Paz.
- Dignidad.
- Derechos humanos.
- Igualdad.
- Desarrollo.
- Infancia.
- Cooperación.
- Ambiente.
- Seguridad humana.
- Crisis humanitarias.
Esas palabras no son meras declaraciones de buena voluntad.
A lo largo de las décadas, el sistema de Naciones Unidas fue construyendo tratados, declaraciones, estándares, agendas y mecanismos internacionales que permiten nombrar problemas globales y transformarlos en compromisos.
La Asamblea General ofrece un foro para la discusión multilateral de la amplia gama de cuestiones internacionales comprendidas por la Carta de Naciones Unidas. Su propia estructura de trabajo incluye comisiones principales dedicadas, entre otras materias, a desarme y seguridad internacional, asuntos económicos y financieros, cuestiones sociales, humanitarias y culturales, asuntos jurídicos y temas administrativos y presupuestarios.
El objetivo es ordenar el vocabulario de la comunidad internacional. Permite que un problema deje de ser solo local, aislado o invisible. Permite que una emergencia humanitaria, una crisis climática, una violación de derechos humanos, una brecha de desarrollo o una amenaza tecnológica puedan ser nombradas como preocupaciones comunes.
Nombrar no resuelve por sí solo. Pero aquello que no se nombra difícilmente pueda transformarse en obligación.
Y cuando no hay obligación, los problemas y conflictos quedan demasiado expuestos al azar, a la conveniencia o al silencio.
- Dificultades que no caben dentro de una frontera
- El mundo contemporáneo muestra, cada vez con más claridad, que muchos problemas no respetan fronteras.
- La crisis climática no se detiene en una línea de mapa.
- La pobreza extrema no puede pensarse solo como una cuestión interna.
- Las migraciones forzadas revelan heridas que atraviesan regiones enteras.
- Las pandemias mostraron que la salud pública puede convertirse en un asunto global.
- La inteligencia artificial, la desinformación, la seguridad digital y las nuevas tecnologías también exigen conversaciones que ningún Estado puede agotar por sí mismo.
La ONU no tiene respuestas simples para problemas complejos. Pensarlo así solo es un imagninario. Nada real.
Su función no siempre consiste en ofrecer una solución inmediata.
A veces, su tarea es sostener el marco donde esas soluciones pueden empezar a construirse.
- Una mesa.
- Un lenguaje.
- Un procedimiento.
- Un estándar.
- Una agenda.
- Una memoria institucional.
Una forma de decir que lo que afecta a la humanidad no debería quedar encerrado en la soledad de cada país.
Una institución imperfecta, pero necesaria. Sin un espacio internacional de cooperación la fragmentación es inevitable.
Pensar la función de la ONU también exige evitar idealizaciones.
La ONU es una institución humana. Y, como toda institución humana, tiene límites, tensiones, demoras, desigualdades de poder y dificultades para transformar los acuerdos en resultados concretos.
Muchas veces, sus resoluciones no alcanzan. La cooperación llega tarde. Los conflictos siguen abiertos.
Reconocer esos límites no debilita la reflexión. Lo vuelve más honesto.
Conviene abandonar la expectativa de que la ONU pueda resolverlo todo. Su función no es sustituir la responsabilidad de los Estados, sino sostener una mesa común donde los problemas globales puedan ser nombrados, discutidos y transformados en compromisos.
La pregunta es qué ocurriría si no existiera ningún espacio universal donde los Estados pudieran deliberar, rendir cuentas, construir compromisos, discutir estándares y recordar que ciertos problemas no pertenecen solo a quien los padece.
Funciones que aportan:
- Sostener cooperación cuando crece el aislamiento.
- Sostener lenguaje común cuando crece la fragmentación.
- Sostener derechos cuando crece la indiferencia.
- Sostener una mesa cuando el mundo parece tentado a levantarse de ella.
Para pensar:
La ONU no elimina los conflictos del mundo. Sin embargo, deja una certeza esencial, incluso cuando no hay acuerdos fáciles, la humanidad necesita una mesa donde seguir hablando.
Y necesita un lenguaje común para nombrar aquello que no debería quedar librado a la fuerza, al abandono o al silencio.
👉No se trata de romantizar funciones ni tareas. Se trata de la responsabilidad comunitaria. Es común. También es propia.
Se me ocurre invitar a pensar que, el valor de instituciones como esas, está en:
«No prometer un mundo sin conflictos. Sino insistir en que, aun en medio de ellos, el mundo necesita seguir encontrándose»
