Pasillo del juzgado. 10:10 AM.
Una adolescente mira el piso mientras los adultos discuten a su alrededor. Padres. Abogados. Voces cruzadas.
Me acerco. Le propongo ingresar a una sala. Un sillón. Un espacio propio.
Le pregunto si prefiere hablar ahora o reprogramar el encuentro.
También le ofrezco escribir.

El expediente dice: «audiencia con adolescente».
La vida dice: «me cuesta todo; me cuesta decirlo en voz alta».
Eligió escribir.
Leyó cuando estuvo lista.

La decisión jurídica se apoyó en su tiempo, no en nuestra prisa ni en discusiones de adultos que, aun presentes, estaban ausentes.

Justicia con alma es, a veces, ofrecer «un lugar» y saber esperar.