Un fallo reciente en Estados Unidos declaró negligentes a plataformas digitales por diseñar entornos que favorecen la adicción en niños y adolescentes.

Algunas ideas que este caso deja abiertas:

El mundo adulto no puede delegar el cuidado: la supervisión y el acompañamiento siguen siendo insustituibles.
La tecnología no es neutra: cuando el diseño busca captar atención de manera persistente, la pregunta jurídica cambia.
La responsabilidad corporativa empieza a ser revisada: no alcanza con ofrecer herramientas, también importa cómo están concebidas.
La protección de niños, niñas y adolescentes exige una mirada compartida: familia, Estado y sector privado, en línea con la Convención sobre los Derechos del Niño.

Lo que hoy se discute en otros sistemas también interpela nuestras propias prácticas.

¿Estamos formando usuarios libres o diseñando entornos que condicionan sus decisiones desde la infancia?