Cuando me invitaron a hablar sobre liderazgo femenino en el Derecho, me hice una pregunta que no tenía una respuesta obvia: ¿qué significa realmente llegar a un espacio de decisión?

¿Liderar es lo mismo que alcanzar un cargo?

Muchas veces creemos que sí. Pero el liderazgo no empieza cuando te nombran: empieza mucho antes. Empieza cuando decidís no achicarte, cuando elegís formarte, cuando atravesás procesos que te transforman. Yo no llegué a un juzgado solo con títulos. Llegué con experiencia de vida. Y eso, lejos de debilitar mi función, la fortaleció.

¿Qué lugar ocupa la preparación técnica en todo esto?

El mundo jurídico es exigente. Es técnico, estructurado, jerárquico. Mi propósito siempre fue pensar en una justicia más humana, donde lo técnico, lo estructurado y lo jerárquico estén al servicio de las necesidades de las personas —donde la ley sea entendible y digerible por todos.

Durante muchos años entendí algo esencial: la preparación no es competencia. Es autonomía. Estudiar, investigar, escribir, no para demostrar más que otros, sino para sostener mi propia voz. El conocimiento técnico es una forma de libertad: cuando sabés de lo que hablás, nadie puede desplazarte con facilidad. Y eso es especialmente importante para las mujeres, porque en espacios históricamente masculinos a veces se nos exige probar y exceder capacidad más de una vez. Mi estrategia nunca fue confrontar. Fue consolidar, colaborar, sumar, crear un destino común.

¿Qué barreras no aparecen en los concursos ni en la currícula?

La vida. La vida no siempre es lineal, no siempre es cómoda, no siempre es previsible. Hay procesos personales que te exigen reconfigurarte. Hay decisiones que implican volver a empezar. Hay vínculos que se transforman. Hay estructuras familiares que se reconstruyen. Y en el medio de todo eso, hay que seguir trabajando, seguir estudiando, seguir sosteniendo.

Aprendí a integrar realidades diversas. A convivir con diferencias. A aceptar que no todo se controla. Y comprendí algo clave: la estabilidad no siempre es lo que forma carácter. La resiliencia sí. La resiliencia no es dureza —es capacidad de adaptación sin perder principios. Y esa capacidad, con el tiempo, se convierte en criterio.

¿Qué significa «liderar pensamiento» en el Derecho de familia?

En un momento entendí que no bastaba con ejercer el Derecho. Había que pensarlo. Había que escribirlo. Había que discutirlo. Había que humanizarlo. Liderar pensamiento no es imponer ideas: es construir mirada. Y la mirada no se forma solo con libros. Se forma con experiencia.

Cuando una persona ha atravesado procesos complejos, aprende a no simplificar la realidad. Y eso, en el Derecho de familia y en los derechos humanos, es fundamental. No juzgamos expedientes. Juzgamos historias. No resolvemos conflictos abstractos. Decidimos sobre vidas reales. Creo que el liderazgo femenino en el Derecho puede aportar algo muy valioso: firmeza sin rigidez, autoridad sin deshumanización, convicción sin soberbia.

¿Qué significa «habitar el poder»?

Llegar a un cargo es un logro. Pero habitarlo es un proceso. Habitar el poder significa no despersonalizarse para ejercerlo. Significa no endurecerse para parecer fuerte. Significa no imitar modelos que no nos representan.

Durante mucho tiempo, el liderazgo se asoció con verticalidad y distancia. Hoy creo en otra forma: una donde la autoridad se sostiene en coherencia, donde la firmeza convive con la escucha, donde la técnica no desplaza la humanidad. No llegué dejando partes de mí en el camino. Llegué integrándolas.

¿Qué tres aprendizajes le dejo a las mujeres que quieren liderar?

El primero: no esperen sentirse completamente listas para dar el paso. La seguridad se construye caminando.

El segundo: la formación constante es la base de la confianza. Invertir en conocimiento es invertir en autonomía.

El tercero: su historia no es una carga. Es una fuente de profundidad. Lo que han atravesado —las decisiones difíciles, los cambios, las reconfiguraciones— no las debilita. Les da perspectiva. Y la perspectiva es poder.

Una última reflexión

Hoy puedo decir que liderar en el Derecho no fue llegar a un lugar. Fue convertirme en una mujer capaz de integrar vida y función. El liderazgo no se trata de ocupar un espacio. Se trata de transformarlo. Y eso empieza cuando dejamos de intentar encajar en moldes ajenos y empezamos a habitar, con convicción, el lugar que construimos.

Referencias: contenido basado en charla personal que dicté sobre liderazgo femenino en el Derecho («Habitar el poder sin dejar de ser quien soy»)