La figura del Abogado del Niño no es solo un aspecto legal, es una garantía fundamental para que niños, niñas y adolescentes sean reconocidos como sujetos activos de derechos en los procesos judiciales.

La Ley 26.061 y la Convención sobre los Derechos del Niño establecen que su voz debe ser escuchada. Sin embargo, en la práctica aún cuesta garantizar un acceso real a la justicia sin caer en paternalismos o buenas intenciones.

El Abogado del Niño representa técnicamente sus intereses y necesidades, evitando que queden reducidos a meros objetos de tutela. Su rol es clave: asegurar que cada decisión judicial los considere en plenitud, respetando autonomía y dignidad.

El desafío es consolidar esta figura con formación, idoneidad y compromiso, dejando de lado miradas asistencialistas y construyendo una justicia más humana, cercana y transformadora.

¿Qué pasos creés que faltan para fortalecer esta garantía en nuestros sistemas de justicia?