- A modo de apertura: en el Derecho convivimos a diario con fórmulas jurídicas: expresiones que, en apariencia, nos brindan certezas universales. Palabras solemnes como “dignidad humana”, “proceso justo”, “igualdad entre las partes”, “acceso a la justicia”, etc. Sin embargo, estas fórmulas no son un fin en sí mismas: son puntos de partida. Su verdadero sentido depende de cómo los operadores jurídicos —jueces, abogados, psicólogos, trabajadores sociales— las llenamos de contenido frente a un caso concreto.
La pregunta es: ¿qué ocurre cuando detrás de una fórmula abstracta late la urgencia vital de una persona?
- Vasijas para ser completas
Las fórmulas jurídicas son como vasijas: sólidas en su forma, pero huecas hasta que alguien decide llenarlas de sentido. La responsabilidad del operador jurídico (en el rol y función que cumpla) es no conformarse con la superficie de la palabra, sino otorgarle contenido desde la realidad del caso.
- ¿Qué significa igualdad entre las partes cuando una de ellas carece de recursos (materiales y subjetivos) para litigar en las mismas condiciones?
- ¿Cómo se materializa el acceso a la justicia para quien vive en una zona rural alejada y no puede trasladarse hasta un tribunal, o no cuenta con idénticas condiciones tecnológicas para conectar en una audiencia?
- ¿De qué manera un proceso justo responde a la voz de alguien cuya verdad no cabe en los tiempos rígidos del expediente?
En cada uno de estos escenarios, el desafío es el mismo: no conformarse con la superficie de la palabra, sino otorgarle contenido desde la realidad del caso.
En definitiva, lo que está en juego no es solo la coherencia del sistema legal, sino la vida de las personas que esperan que el Derecho no se limite a repetir fórmulas, sino que las convierta en soluciones humanas y transformadoras.
- Qué hay antes y después de la normatividad
Quien opera el Derecho, en el rol que cumpla, tiene la responsabilidad de preguntarse:
- ¿Qué hay de humano detrás de esta fórmula?
- ¿Qué necesita esta persona para que la norma no sea un muro, sino un puente?
Ninguna fórmula jurídica es neutra: siempre se interpreta, siempre se aplica en un contexto. Allí es donde aparece el verdadero desafío: llenar de contenido las palabras para que no se conviertan en meros rituales vacíos.
Un “proceso justo” no se agota en el cumplimiento formal de plazos y notificaciones; también implica tiempos procesales que no duelan y decisiones que no revictimicen.
La “igualdad entre las partes” no se alcanza solo con idénticas oportunidades en papel, sino con medidas reales que equilibren las asimetrías de poder y recursos.
El “acceso a la justicia” no se reduce a tener un tribunal abierto, sino a contar con un espacio comprensible, cercano y capaz de escuchar.
4. A modo de cierre
Las fórmulas jurídicas no son verdades acabadas, sino herramientas en espera de sentido. Su fuerza radica en cómo las llenamos de contenido frente a cada caso concreto.
El Derecho no puede conformarse con repetir palabras solemnes: debe animarse a traducirlas en realidades palpables.
La pregunta que queda entonces es inevitable: ¿qué contenido le damos, cada día, a las fórmulas que decimos aplicar, garantizar o proteger?