La digitalización judicial plantea un reto crítico: evitar que la distancia virtual erosione la calidad de la escucha.

La transformación digital del proceso no es solo una transición técnica; exige operativos de protección reales. El desafío actual consiste en asegurar la plena vigencia del derecho del niño a ser oído sin que la mediación de una pantalla comprometa el proceso.

No basta con «conectar la cámara«; debemos asegurar un entorno digital seguro, humano y técnicamente adecuado para que su voz sea escuchada con validez jurídica y cuidado emocional.

Les comparto algunas pautas que, en nuestro juzgado, dieron resultado.